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La semana pasada decíamos que el primer paso para desarrollar un corazón compasivo es abrir nuestros ojos para ver el sufrimiento de los pobres. Cuando abrimos nuestros ojos es inevitable que nuestro corazón comience a llenarse de semillas de compasión, pero lo que hace germinar esas semillas es el entrar personalmente en contacto con los pobres a través de acciones practicas de servicio. Proverbios hace una descripción de la persona compasiva como alguien que: “Tiende la mano al pobre, y con ella sostiene al necesitado” (Proverbios 31:20).
Existen alrededor del mundo hombres y mujeres que invierten una buena cantidad de sus ingresos en ayudar a los pobres, que no son tan solo personas compasivas; en muchos casos el hecho de poder rebajar esas inversiones de su declaración de impuestos es una buena motivación. Sin embargo en medio de nosotros tenemos a hombres y mujeres que al abrir sus ojos para ver el sufrimiento de los pobres han decidido extender su mano para sostener al necesitado. Me refiero a todos los voluntarios del ministerio de Ayuda Social y Festival con Dios. Ellos, juntamente con todos ustedes, los que cada fin de semana se acuerdan de pasar a la pulpería “La Conciencia”, que recuerdan su compromiso con los niños becados, con la escuela del Carmen, que traen ropa, medicinas, y cuanta cosa puedan para bendecir a los pobres, son el corazón compasivo de Vida Abundante.
Hay hombres y mujeres cristianos que tienen habilidad para los negocios, las ventas, las importaciones, la educación, las tareas en los bancos, la publicidad y muchos otros campos. La mayor parte de las veces estas habilidades están dedicadas únicamente a obtener ganancias. ¿Qué sucedería si los cristianos en todo el mundo comenzaran a pensar de manera creativa cómo usar sus habilidades, recursos, y oportunidades para mejorar la vida de los pobres? Piensa en ti mismo, en tu familia o en tu empresa. ¿Qué posibilidades descubres?
Hay numerosas oportunidades para servir, dentro y fuera de Vida Abundante. Permítame contarle una historia. Recientemente una amiga mía estaba comprando el diario para su familia. Estaba apurada porque tenía invitados a cenar, y se frustró cuando descubrió que estaba en la fila de una caja que se movía lentamente. Miró hacia la caja y vio a una mujer que revolvía frenéticamente su cartera; luego el cajero gritó: “¿Qué quiere decir, que no tiene dinero?” Lo primero que pensó mi amiga fue: ¿Por qué elijo siempre la fila equivocada? ¿A esa mujer no le importa que estoy apurada? Todos los que estaban en la fila comenzaron a quejarse. En ese momento mi amiga sintió que Dios pellizcaba su corazón sugiriéndole que pagara la cuenta de la mujer. “Pero Señor, dijo, sabes que mi esposo no lo va a entender”. Además yo… Luego miró a la mujer: su aspecto cansado y sus ropas gastadas, e imaginó a los niños que podían estar esperándola en la casa. Luego pensó en todo lo que Dios había hecho por ella. Con una sonrisa, se acerco al cajero y le dijo en voz baja: “Por favor agregue mis compras a las de ella y yo pagaré la cuenta”. Mi amiga comentó que en el camino a su casa iba flotando. De una forma anónima y no planificada, había abierto sus ojos y extendido su mano y Dios la bendijo con alegría. Las oportunidades abundan a nuestro alrededor y el Espíritu de Dios nos susurra: “Hazlo. Brinda compasión”. Lo único que tenemos que hacer es obedecer.
Bendiciones,
Jorge Taylor H.
Pastor
Adaptado de: “Bill Hybels, Making Life Work”
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